EL
SOL DEL POEMA
Agarra
tu luz y anda
Amo el sol de la palabra amor y a su caballo infinito y amo sembrar de vegetales lo maravilloso y desnudar tus ojos dentro de mi y amo vestirnos en una puerta de ascensor en el vacío, mientras en una mañana de lluvia enhebro mi corazón de poesía y de canto. Y amo las palabras de los amigos que hacen nido en el
alma y al
burrito mesiánico que cargó a Cristo y amo el sol maravilloso de la vida en esta casa redonda que da vueltas en el universo que despertó una mañana sabiendo que era un morrocoy azul.
el
amplio corazón del ser social colectivo,
donde
uno más uno no es dos,
somos
todos.
El
sol
que
nos besa
con
tu
boca
hecha
de
palabras
hermosas;
y
gozamos
de
su tierna
caricia
que alumbra
en
el
silencio,
cuando
nos quitas los ojos con ternura
para
poder mirar dentro
y
fundirnos
en
una sola imagen de amor y poesía.
El sol maravilloso de la vida
en
los labios de aquel beso combativo
que
anda florecido de pueblos victoriosos.
Los
amantes
inician
la caída del imperio.
Sudan
desde sus corazones por el amor de los pueblos
y
enlazan sus cuerpos hasta vencer;
y
debajo de las sábanas planifican su amor militante.
Besan
con sus labios invencibles,
y
abren sus cuerpos para abrasarse
en
el sol maravilloso de la vida.
Abrieron
su capullo de sol
y
mostraron tu claridad
de amanecer.
El
sol del poema amanece
como
una piedra de amorosa ira subterránea.
Apagan
sus ojos
y
se quedan como dormidos con esa extraña mirada de la tarde en nuestro
corazón,
mientras
un gato encendido vuela por el vértigo de la montaña y
el pez camina detenido.
Amamos el sol del verbo amanecer, la poética de los tizones, el lenguaje de los cantos rodados y su pequeña corriente de pétalos donde son nubes el alma de los perros. El misterio del antes del después. Si serás casa entraríamos por ti para no ser más árbol. Le abriríamos ventanas a la tierra con tus ojos. Aquí ladran tus voces que queremos. Eres la infinitud vacía entre las palabras, de esa quietud de la piedra detenida bajo los círculos del agua. Viajero de lluvias sabes que te amo. Nosotros leímos tus versos ladrados a las sombras donde cargan las mulas los signos de las noches. ¿Qué día es este sol de luto? Ni una leña para alumbrarte. Qué sombría está la sala sin ti. Oler el silencio y cargar el hollín del sol después de la noche; viejo topo viejo amigo, terminamos como el viento dibuja los tatuajes y escribe los poemas; y trozamos el borde cerrado de una línea para dibujar tu nombre C a m i l o.
Alegre sol.
Nació
hermosa,
fuerte,
decidida
como
un huracán,
bella
y loca.
Florece
el sol
en
la profundidad
sobre
la calle
donde
nos mira tan simple
la
obra del poema.
Creo en el sol del poema.
Creo
en el amplio corazón colectivo que
comparte sabiendo que no somos dueños de nada.
Creo
en el amor de la palabra amor
que encarna todos los valores necesarios para llenar este mundo de bondad.
que encarna todos los valores necesarios para llenar este mundo de bondad.
Creo
en la muerte sin violencia, para
dar paso a otro ser que
disfrute de la paz como su única herencia que
deberá proteger y
defender con dignidad.
Madre humilde, sabia y sincera, que con el sol de Los Andes abriste nuestras almas al despertar de los días; y no te vencieron, ni hambre, ni el frio, ni la mala gente, porque tú eres pueblo como diamante blandito. De ti vienen los ríos en el cauce de los años; y todo te lo debemos en la alegría de la mujer que ama con sus manos y su voluntad de vivir.
El
imperio está
a punto de ser comprimido por su propia atmósfera,
de
estallar comprimido por sus propias guerras;
y
somos la miel y las aricas y aborígenes y negros nuestros corazones
agitando el grito
“Aquí no hay cobardes
“Aquí no hay cobardes
y
nadie se rinde
y
esta tierra es nuestra” y
no podrás detener el amor de los pueblos
en
tus guantánamos oscuros,
ni
podrás engañarnos
con
tu insignificante
democracia
de papel.
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