domingo, 17 de mayo de 2015

 
EL SOL DEL POEMA

Agarra tu luz y anda


Amo el sol de la palabra amor y a su caballo infinito y amo sembrar de vegetales lo maravilloso y desnudar tus ojos dentro de mi y amo vestirnos en una puerta de ascensor en el vacío, mientras en una mañana de lluvia enhebro mi corazón de poesía y de canto.  Y amo las palabras de los amigos que hacen nido en el alma y al burrito mesiánico que cargó a Cristo y amo el sol maravilloso de la vida en esta casa redonda que da vueltas en el universo que despertó una mañana sabiendo que era un morrocoy azul.
 
El sol del poema teje con sus manos maravillosas
el amplio corazón del ser social colectivo,
donde uno más uno no es dos,
somos todos.

El sol que nos besa con tu boca hecha de palabras hermosas;
y gozamos de su tierna caricia que alumbra en el silencio,
cuando nos quitas los ojos con ternura
para poder mirar dentro
y fundirnos
en una sola imagen de amor y poesía.

El sol maravilloso de la vida
en los labios de aquel beso combativo
que anda florecido de pueblos victoriosos.

Los amantes inician la caída del imperio.
Sudan desde sus corazones por el amor de los pueblos
y enlazan sus cuerpos hasta vencer;
y debajo de las sábanas planifican su amor militante.
Besan con sus labios invencibles,
y abren sus cuerpos para abrasarse
en el sol maravilloso de la vida.

Abrieron su capullo de sol
y mostraron tu claridad de amanecer.

El sol del poema amanece
como una piedra de amorosa ira subterránea.

Apagan sus ojos
y se quedan como dormidos con esa extraña mirada de la tarde en nuestro corazón,
mientras un gato encendido vuela por el vértigo de la montaña y el pez camina detenido.

Amamos el sol del verbo amanecer, la poética de los tizones, el lenguaje de los cantos rodados y su pequeña corriente de pétalos donde son nubes el alma de los perros. El misterio del antes del después. Si serás casa entraríamos por ti para no ser más árbol.  Le abriríamos ventanas a la tierra con tus ojos.  Aquí ladran tus voces que queremos. Eres la infinitud vacía entre las palabras, de esa quietud de la piedra detenida bajo los círculos del agua. Viajero de lluvias sabes que te amo. Nosotros leímos tus versos ladrados a las sombras donde cargan las mulas los signos de las noches. ¿Qué día es este sol de luto? Ni una leña para alumbrarte. Qué sombría está la sala sin ti. Oler el silencio y cargar el hollín del sol después de la noche; viejo topo viejo amigo, terminamos como el viento dibuja los tatuajes y escribe los poemas; y trozamos el borde cerrado de una línea para dibujar tu nombre C a m i l o.

Alegre sol.
Nació hermosa,
fuerte,
decidida
como un huracán,
bella y loca.

Florece el sol
en la profundidad
sobre la calle
donde nos mira tan simple
la obra del poema.

Creo en el sol del poema.
Creo en el amplio corazón colectivo que comparte sabiendo que no somos dueños de nada.
Creo en el amor de la palabra amor 
que encarna todos los valores necesarios para llenar este mundo de bondad.
Creo en la muerte sin violencia, para dar paso a otro ser que disfrute de la paz como su única herencia que deberá proteger y defender con dignidad.

Madre humilde, sabia y sincera, que con el sol de Los Andes abriste nuestras almas al despertar de los días; y no te vencieron, ni hambre, ni el frio, ni la mala gente, porque tú eres pueblo como diamante blandito.  De ti vienen los ríos en el cauce de los años; y todo te lo debemos en la alegría de la mujer que ama con sus manos y su voluntad de vivir.

El imperio está a punto de ser comprimido por su propia atmósfera,
de estallar comprimido por sus propias guerras;
y somos la miel y las aricas y aborígenes y negros nuestros corazones agitando el grito 
Aquí no hay cobardes
y nadie se rinde
y esta tierra es nuestra” y no podrás detener el amor de los pueblos
en tus guantánamos oscuros,
ni podrás engañarnos
con tu insignificante
democracia de papel.

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