domingo, 17 de mayo de 2015

Poemas


"Baruta, hijo de Guaicaipuro y de Urquía, recibe de manos de su madre el penacho con plumas rojas, que había usado su padre, al tiempo que le decía: Sean estas plumas rojas el símbolo de la sangre de tu padre y de tu pueblo derramadas por el invasor que viene a arrebatarnos nuestra tierra. Defiéndelas con honor." 


Chávez "fuego cimarrón"


Saliste de la cueva madre iluminando el Sur,
el alba de los pueblos.
Amor desenfrenado de libertad.
Muchacho de juventud eterna.
Has cumplido,
comandante,
la palabra empeñada por siglos,
el honor y la gloria te pertenecen.
Compañero de viaje;
camarada eterno.

Con tu amanecer hacia el futuro
te dejabas llevar en la corriente de la historia
como un río caudaloso de piedras y paciencia.

A las orillas de tus brazos,
fortificados por el sol que amanece siempre con los ojos abiertos de alegría,
nos diste a beber la fuerza de la libertad.

Nosotros te encontramos plantado en nuestros poemas,
habías nacido allí como un árbol frondoso
¡grande!
sin límites.

Los domingos siguen teniendo el rostro tuyo al fondo de la llanura.
Las imágenes en las lentes de esas cámaras de televisión
se iban volando en los ojos de las garzas y de los loros.
Y más simple de lo que canta un gallo,
llegabas con tu palabra
pintando la historia
del próximo milenio.

Nuestros corazones a veces se detienen
de tanta poesía que eres.
¡Qué poesía tan maravillosa la que podemos encontrar
en esas palmas que acarician el cielo imborrable de tu “Aló presidente”! 

La misma historia que te vio nacer
es la misma historia
que jamás te verá morir. 

Comandante,
la llanura te reclama como siempre te quiso,
en esas lejanías como un hombre a caballo remontando sus cauces,
libre como candela. 

Desde lo más profundo de la sabana,
con la sangre del fuego cimarrón,
y desde lo alto de la Cordillera Andina,
con el viento que teje sus luces en racimos de estrellas,
te vimos nacer desde los incontables de tu naciente histórica,
entre cayenas rojas y poesías.

De niño imaginabas
las arañas de la abuela
tejiendo en sus tricolores ojos los sueños de Bolívar,
y con la fuerza del huracán Chávez,
subieron los pobres a la cúspide del Chimborazo.

Te vimos compartir la galleta desmenuzada
en la saliva de la boca del niño que dijo patria;
y bajo la lluvia bailar al son de la alegría que dijo amor;
y bajo la noche inmensa
celebrar el silencio
y la infinitud de la vida.

El asombro a veces cosquillea en nuestro corazón lleno de alegría,
y sales volando como un pájaro carpintero
que nos abres el alma a picotazos de amor.

Amanece y buscamos entre las enredaderas de este sol,
las caricias del acorde,
las claves perdidas,
los tonos de las primeras gotas del rocío.

Tu cuerpo ha vuelto a ser sangre cósmica.
Al mar vuelves después de veinticinco mil años
como música de olas y canto de arrecifes.

Te despedimos bajo este tiesto redondo que da vueltas
mientras salen de nuestro corazón las primeras notas en el cuatro,
y caminamos con los dedos
cada traste del recuerdo.

¿Qué corto puede ser el último sonido de la vida?
¿y qué largo el misterio?

El instante detiene al corazón el ritmo
y nadie puede predecir el último compás,
el estallido de las flores,
la primera melodía de las hojas con el viento.

Te pierdes en la inmensidad de la llanura celeste,
y en tus ojos hemos visto el corazón de las estrellas.

No nos quitarán el sol que llevamos por dentro,
la esperanza del sueño hecho verdad tangible,
ni la alegría hecha bandera de la dignidad.

Esta patria que vinimos a defender con el corazón invencible,
se queda para siempre en nuestros ojos,
en la luz de la vida,
en la fuerza indestructible del amor.

Seguiremos vestidos de esperanza,
con nuestros corazones llenos de alegría
porque en esta vida y en cualquier lugar del tiempo y el espacio,
somos luz de amanecer.

Te sembramos en nuestros corazones para que sigas siendo vida y más vida
y de estos corazones brotan las cayenas que visten de rojo lo maravilloso
y de cada latido brotan las raíces del viento
donde juramos hasta la victoria por siempre: Vivir y vencer.

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